Una pastelería en Tokio (o la poética cinematográfica de un dorayaki)


PasteleriaC1Titulo Original: An

Dirección: Naomi Kawase

Guión:Naomi Kawase (Novela: Durian Sukegawa)

País: Japón

Año: 2015

Duración: 113 min.

Género: Drama | Cocina. Enfermedad

Interpretación: Masatoshi Nagase, Kirin Kiki, Miyoko Asada, Etsuko Ichihara, Miki Mizuno, Kyara Uchida

Fotografía: Shigeki Akiyama

Sigue siendo necesaria, en mi opinión, esa labor que se supone desarrollan los cine clubs, y que no es otra que la de ofrecernos ese cine que por sus características y peculiaridades queda fuera de los circuitos comerciales. Sin negar su capacidad de actividad comercial y convencidos ya por la gran industria del cine de que éste es en efecto una industria, el cine club apela al llamado séptimo arte y lo reivindica como tal.

“Una pastelería en Tokio” es una de esas películas que efectivamente se pueden visionar en un cine club, pero que difícilmente aguantarían la presión de una cartelera comercial. Su ritmo, sumamente poético, nos evoca ese latir invisible de los actos más cotidianos. El argumento y sus personajes son sencillos y nos envuelven en una realidad debajo de la cual late la propia vida. No vamos a encontrar grandes persecuciones ni grandes despliegues de medios técnicos, ni tan siquiera el juego argumental ñoño pero convenientemente aderezado. Los personajes son simples, pero es esa simpleza la que tiene el poder de trasladarnos a lo esencial. La vida, la muerte, la supervivencia, el engaño, la libertad, el deseo de que quede algo de nosotros cuando ya no estemos, el deber de legar, de compartir conocimientos, el lenguaje mudo de la naturaleza, la vuelta a nuestro propio biorritmo, escuchar el sonido de las hojas movidas por el aire…

Esta película supone un acercamiento interesante a la cultura japonesa, con su dosis de milenarismo. Pero sin la extravagancia postmoderna de los argumentos de autores llevados al cine como Murakami. Y más cerca de la literatura tradicional de autores como Natsume Sóseki.

Un buen ejercicio de cine en su estado más puro, donde la fotografía está al total servicio del juego argumental y se convierte casi en un personaje más de la película.

El reto, no dejarse llevar por los propios pensamientos mientras la visionamos. Confieso que me pasó y que descubrí cosas interesantes. Incluso llegué a preguntarme si no sería una estrategia del propio director, ese trabajo de introspección.

Begoña Ramírez, abril, 2016

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