El pabellón del cáncer, de Alexandr Solzhenitsyn.


Pabellón_de_Cáncer

El pabellón de cancerosos número 13 del hospital de Taskent (Uzbekistán) en la Unión Soviética de los años cincuenta, es el frío escenario en que el escritor ruso Solzhenitsyn (premio nobel de literatura en 1970) ubica una historia de profundidad sobre la condición humana y su enfrentamiento, no ya con la enfermedad, sino con la propia muerte.

¿Qué necesitan los hombres para vivir? Ese era el título de un cuento de Tolstoi sobre un zapatero, relato que Yefren Podduyev, uno de los personajes, un hombre solitario con casi cincuenta años, que había llevado una vida viajera y egoísta, leyó por puro aburrimiento cuando uno de los compañeros de habitación le prestó su libro. Esa pregunta del cuento de Tolstoti fue planteada por Yefren a los otros enfermos, quienes respondieron que si la patria, que un buen trabajo con prestigio social, que si principios ideológicos, que si el dinero…  El bienestar de toda la sociedad, fue la respuesta que más se aproximaba a la simple moraleja del cuento:

–¿Para vivir? –le costaba trabajo pronunciarlo en viva voz; se le antojaba indecoroso–. Al parecer. El amor…

La novela cuenta la atroz rutina de los pacientes, jóvenes y maduros, rusos y uzbekos, encerrados todos entre el dolor, la medicación, las sesiones de radioterapia y el miedo a las operacionesn. Y también del personal clínico: una enfermera que estudiaba para médico, la doctora del invisible y minúsculo cañón de la radioterapia, la veterana médico cirujano que extirpaba tumores sin apenas descanso o tenía que cercenar miembros irremplazables…Solzhenitsyn

Solzhenishyn (en un emotivo intento autobiográfico) narra a través de su personaje Oleg Kostoglotov, con una naturalidad a la que no le hace falta el reproche, su aciago paso por el hospital de un gulag, así como el exilio interno al que tantos presos  de por entonces(en su caso un simple grupo de estudiantes, una “banda”para el juez instructor, que solo se reunían para divertirse y hablar de política mostrando su disconformidad con Él, es decir: con Estalin) que fueron sometidos al confinamiento de perpetuidad, y en condiciones inhumanas.

Oleg kostoglotof, recibe respuesta por correspondencia de un doctor llamado Malennikov, quien le habla sobre un extraño hongo que crece sobre la corteza del abedul (una especie de tumor del propio árbol), al que llaman chaga, y que, paradójicamente, consumido por las personas, posee efectos milagrosos contra todo tipo de tumores. Comparte con los compañeros de habitación la noticia y los datos necesarios para pedir la milagrosa chaga. En ese momento Yefren se siente esperanzado, por primera vez descubre lo importante y lo agradable de las pequeñas cosas de la vida, como un simple paseo por la alameda del hospital, desde donde escucha la lejana música que la orquesta del pueblo (era sábado) que tocaba en el parque para el baile.

Llegaba la música del parque. Oleg la escuchaba, aunque en relidad lo que le parecía oír en su interior era la Cuarta Sinfonía de Chaikoski, el agitado y difícil comienzo de esa sinfonía, solo esa prodigiosa melodía inicial. Esa melodía (Oleg la interpretaba a su manera y posiblemente habría que comprenderla de modo distinto), en la que el héroe, que ha vuelto a la vida o ha recobrado la vista, parece palpar deslizando su mano por los objetos o por el rostro querido, y que aun tocándolos no se atreve a creer en la felicidad, en que esos objetos existan realmente o en que sus ojos empiecen a ver.

Una novela de tal penetración en las actitudes y azares de la vida y en la conducta de los hombres, que hacen al autor digno heredero de la gran tradición de la novela rusa.

Franjamares, enero de 2016

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