LAS VOCES DEL SUR: FRANCISCO JAVIER MARTÍN


Por José Enrique Salcedo

Fuente: revista Alhucema, nº 30.

Este escritor  del Albaicín (Granada) publicó la novela histórica “La muerte roja. La conjura de Sexi”, ya en segunda edición, en Salobreña, en 2002, debido al éxito de la primera (2001). Se sitúa básicamente en la Almuñécar fe­nicia y romana, aunque en el primero de los cinco libros en que se divide re­crea la Roma de Nerón, donde éste sufre una intoxicación durante una cena. De inmediato, tras la recuperación física, surge la investigación: viendo que la salsa está envenenada, se encarga al pretoriano Glodo que vaya a la factoría de ‘garum’ de donde procede la salsa. Va por el mar Mediterráneo hasta Sexi. El autor recrea con gran imaginación literaria la ciudad de Sexi en el siglo I, pero también es imprescindible destacar que la recreó pictóricamente, con una ilus­tración incluida en la primera edición de la novela. Al hilo de las indagaciones del pretoriano, surge destacada la comunidad cristiana de la ciudad, de la que el narrador, Pablo de Emérita, es uno de los “hermanos mayores”. También sale a primer plano el ambicioso Athenius, al que corroe una pasión frustrada por una mujer llamada Isis, que se verá encarcelada tras las conclusiones del pre­toriano. Al final, la atención novelesca se centra en esta joven encarcelada, que escribe las epístolas del libro al hijo que espera y que nace en la mazmorra. La novela da un giro inesperado, ya que el causante del envenenamiento de Nerón no es la mujer encerrada. Pero también sorprende al final la decisión existen­cial de Glodo, pues sus últimas experiencias lo han hecho más humano y más identificado con ese lugar al sur de la Hispania romana. En un epílogo, Pablo de Emérita habla del destino posterior de los personajes y sobre cómo obtuvo las cartas de Isis, que le movieron a dar testimonio de lo ocurrido. Pablo de Emérita se muestra con diferentes facetas: cronista de esta historia, pedagogo con discí­pulos, pensador y filósofo cristiano, pero distanciado de los cristianos de Sexi y más cerca de Séneca, al que la novela se refiere con frecuencia.

En 2005, Francisco Javier Martín publica su novela “El Tranquilo” (Alhulia, Salobreña), narrada en tercera persona y en primera persona. La narración en tercera persona se centra en el primer capítulo y en los dos últimos; trata de Juan Aguirre, que llega de Francia a Almuñécar y quiere saber si está ante Felipe ‘el Tranquilo’, el que le ayudó. La narración en primera persona engloba los restantes capítulos; consiste en el relato de Juan Aguirre sobre sus peripecias de juventud dentro del ejército de la república durante la guerra de España de 1936 a 1939: “un periplo tierra adentro entre la maleza natural y los estragos desgarradores de la maleza humana. Un viaje iniciático donde habíamos co­nocido la barbarie de la guerra en la sangría de las bombas y disparos y en la cicatriz abierta del Gato; el misterio de la gracia en una anciana llamada Gracia; el amor imposible de una muchacha con las venas abiertas; el remordimiento en la ceguera de un viejo (que ha perdido a su hija); el desencanto en un niño con mirada de zorro que no sabía reír…” Transcurre en las serranías (Tejada, Cómpeta, Almijara), bellamente descritas, que hay entre Málaga y Almuñécar. El hecho objetivo crucial de la novela es la toma de Málaga por las tropas fran­quistas e italianas del fascio, y la consiguiente huida de la población malagueña por la costa.

Juan Aguirre, al volver expresamente desde Francia, es consciente de que­rer recuperar su propio pasado: “reencontrarme con aquel joven cabezota que paseaba por la Alameda Principal de Málaga o compraba tabaco de contrabando en el puerto… Ése que se fue al frente con una ideología recién estrenada en la mochila y la convicción de cambiar las cosas… Y, en medio del odio y la destruc­ción, encontró el amor.”

La idea sociopolítica defendida en la novela se acerca a la expuesta por un miliciano al hablar de Isabel, que defiende los derechos de los campesinos: “en el pueblo la tenían por comunista, pero ella no creía en ningún sistema de gobierno que acarreara grandes dirigentes ni burócratas. Ella se sentía sin ataduras, creía en la plena libertad del individuo, ‘en la ecuanimidad aceptada entre los hombres y no en una igualdad falsamente impuesta’ (…) Muchos la acusaban de utópica, de ilusa, de no conocer la oculta naturaleza egoísta y ruin de las personas…”

El novelista, sin embargo, no hace de los personajes meros portadores de una idea sociopolítica, sino que los dibuja en sus contornos humanos, emocio­nales: “el olor de su pelo, el sabor de sus labios, las puestas de sol que íbamos a contemplar perdiéndonos en los acantilados de Cerro Gordo… ¡Ay, Juanita…! Si muero fusilado, compañero, éstas serán las cosas que echaré de menos; lo que realmente vale la pena de esta vida…”

No sólo esto en los del bando republicano, sino también en los del bando franquista. Juan Aguirre presiente el peso moral de la conciencia de los mismos que le van a fusilar: “supe entonces que eran soldados designados a golpe de lista que, como meras máquinas de matar, ejecutarían la orden del suboficial de manera implacable. Pero con un pestañeo forzoso, de párpados y de conciencia, antes del culatazo final que de seguro los afligiría por matar a unos hombres indefensos sin motivo.” Este remordimiento personal se ve más concreto en el epílogo de la novela, el capítulo de “Fernando”, donde Juan Aguirre hace un descubrimiento inesperado.

Javier Martín como narrador es bastante consistente, traza bien el curso de la novela; como escritor, domina el coloquio, la descripción, el relato, y a veces puede resultar exhaustivo o denso en el propósito y en la expresión. Ocasio­nalmente, se deslizan alguna impropiedad léxica, palabras anacrónicas en el contexto de 1936, o se observa un vocabulario muy culto que contrasta entre un registro coloquial o llano. Pero estos detalles no impiden el buen tono, el buen enfoque de los personajes, el buen discurso narrativo en general.

Francisco Javier Martín participa en la asociación y tertulia “Entrelíneas”, de Nerja, donde se reúnen escritores, pintores, escultores, y realizan periódi­camente talleres de ‘escritura en acción’. Sin embargo, reside en Almuñécar, donde también con su mujer Begoña Ramírez Joya ha publicado “Lluvia púr­pura”, libro de relatos.

img018Asimismo, dirige la revista “Voces. Cuadernos de Literatura”, que ya lleva 12 números publicados y es el vehículo de expresión de una tertulia bastante animada de la ciudad sexitana, de la que han surgido los amenos y variados “Relatos de Almuñécar”, donde la prologuista escribe: “en una sociedad como la nuestra, donde la humanidad se ha perdido entre los vericuetos de la ‘máqui­na’, proponemos aquí un ejercicio de creatividad compartida, pues ni el cuento ni la leyenda ni el relato son tales, hasta que los lectores en su imaginación les dan vida.” Recientemente, de la labor editorial de este grupo ha salido el inte­resantísimo libro colectivo de poesía “Diwan del sur”.

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