El derribo


derribo-de-edificio-con-maquinaria_388178 Buenos días, señor, ¿es este el número treinta y dos? Sí, sí, acabo de quitarlo del buzón. ¿Es usted por tanto el señor Angel Angelov? El mismo, aunque un poco endiablado. Perdone, pero me han mandado temprano para efectuar un derribo ¿sabe usted dónde es? Aquí mismo; espere un momento, estoy preparando las últimas maletas, ¿quiere tomar un té, acabo de hacerlo? Como quiera; pero no entiendo qué lo es lo que tengo que derribar para haber traído la Caterpillar de 11 toneladas. Pues muy sencillo, mi propia casa, señor maquinista; nos tomamos el té, llevo mis bártulos hasta la caravana, sacamos los plomos del contador, y ¡ale!, señor maquinista, a derribarla bien derribada, por eso contraté la máquina más grande que su empresa ofrecía. Me deja usted de piedra. Así me quedé yo cuando el banco comenzó los trámites del embargo y cuando el juzgado sentenció en mi contra, y cuando esos crápulas de cuello duro quisieron entrar con una orden para tasar mi propia casa, continente y contenido, todo, bueno todo no, todo menos el suelo; por eso lo voy a dejar allanado. ¿No será una broma?, ¡aquí hay gato encerrado! El único gato que vivió entre estas paredes ya salió por esa puerta para la casa de mi exmujer; ¡ah, y quiero que los escombros me los cargue en un camión que he alquilado. Y ¿Qué quiere hacer con ellos, si no es mucha la indiscreción? Llevarlos al punto verde más próximo, por supuesto. Pues queda a diez quilómetros en la carretera de Sofía. No me importa, quizá me arrepienta y los suelte antes, por ejemplo, en la puerta del banco de Teteven, para que esos cabrones se cobren directamente su deuda. Tiene usted un par de ellos bien puestos; y, además, me parece que lleva toda la razón, pues no es de justicia lo que hacen con nosotros esos ladrones de la banca. Así es y así lo sufrimos; ¡pues venga, señor maquinista!, encienda el motor de esas once toneladas y manos a la obra.

Franjamares abril de 2014

Un hombre derriba su casa y le entrega los escombros al banco que le iba a desahuciarel derribo

parecedelmundotoday.com / 20 diciembre, 2013

Un ciudadano de la localidad búlgara de Lovech decidió devolver sucasa al banco, pero lo hizo de una manera poco común. La hipoteca a la que no pudo hacer frente y por la que la entidad bancaria le obligaba a abandonar su casa en el plazo de una semana no incluía el terreno, así que, este búlgaro decidió invertir el poco dinero que le quedaba en derruir su vivienda.
Además, cargó los escombros en un camión y según informa el portalRebelmouse.com, llevó los restos del edificio ante la entidad ban-caria en la que había formalizado el préstamo y que le iba a desa-huciar y que se encuentra ubicada en la ciudad de Teteven.

 

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