“El sueño eterno”, de Raymond Chandler


Reconozco que La novela negra no es mi fuerte. Sin embargo , cuando te gusta leer empiezas y terminas acercándote a todos los géneros literarios y al final te das cuenta de que , cuando se trata de un buen libro , en realidad da un poco igual el género en el que queramos incluirlo. Esto lo he vuelto a descubrir tras la lectura de El Sueño Eterno de Raymond Chandler. Los ingredientes de la novela negra suelen ser siempre los mismos, policías más o menos corruptos, mafiosos de diversa índole, chica/s en problemas, mujeres de dudosa reputación, investigador privado (que ejerce el papel de justiciero impasible pero con ética, una especie de superhombre que no se deja quemar del todo por el fuego de la perdición pero que está en continuo contacto con él , lo que le ha dotado de una imperturbabilidad con resquicios de ética bien posicionados).Aunque claro está , los ingredientes pueden cambiar más menos dependiendo como siempre del autor.
    Encuentro en esta primera etapa de la novela negra, esa frescura que no se ha vendido aún a los imperativos del mercantilismo editorial, que todavía no campa a sus anchas como lo hace en la actualidad y que bien podría convertirse en un protagonista más de futuras creaciones, al fin y al cabo una nueva mafia.  A salvo aún de ese mercantilismo, esta primera etapa del género goza aún de principios, si se quiere podríamos decir que cuasi caballerescos. El detective reencarna esos principios que él mismo ve desmoronarse a su alrededor en políticos, jueces, policía y altas esferas de la sociedad y apunta certeramente hacia esa podredumbre de las capas altas, tan habitualmente bien tapada por el poder del dinero.
    Durante una época este género literario fue bandera de un determinado posicionamiento político, en el que todo lo que olía a poder estaba condenado a terminar oliendo mal, con lo cual al final terminaron envenenados con su propio antídoto.
    Es difícil no quemarse cuando nos acercamos demasiado al fuego.
    En la actualidad este género ha sido relevado, en mi opinión, por un subgénero un poco gore que pone doble ración de todo y que confunde a mi modo de ver cantidad con calidad (más asesinatos, más morbo, más sexo, más drogas, más…) y que termina por embotar como toda comida demasiado copiosa.
   No faltan en esta primera época los destellos poéticos: “el otoño era aún demasiado joven para que lloviese de aquella manera”. “Era una mañana tersa, y había en el aire el vigor suficiente para lograr que la vida pareciera sencilla y agradable si no tenías demasiadas cosas en al cabeza”, que dibujan el perfil psicológico del protagonista indiscutible.
   En mi opinión una gran novela que no renuncia a ninguno de los recursos que la literatura brinda al escritor cuando este es capaz de saber utilizarlos con el debido acierto.
Begoña Ramírez Joya. Agosto 2013
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