50 Mujeres desnudas, poemario de Marina Tapia


No, no se han equivocado de sitio, ni tampoco se han metido por equivocación en otra web. Aquí, en esta  calurosa tarde de julio, de lo que vamos a hablar es de poesía.

Pero también de mujeres desnudas…

No de esa desnudez en la que algunos ya han pensado…

Sino de aquella que deja verdaderamente en cueros a quien la ejerce, pues no existe tejido ni piel que pueda cubrir el alma y el corazón del poeta que ha decidido por fin despojarse de los disfraces, o simplemente rasgarse la piel y la máscara a jirones.

Marina Tapia es una de estas poetas, valiente y sincera. Que hoy nos presenta a cincuenta mujeres en una; cincuenta desnudos de las cincuenta pieles del alma.

Ella, que nació en tierras australes, en Valparaíso (Chile), que cruzó el charco que nos une  llegando a Madrid, ciudad en donde encontró la inspiración de muchos de estos poemas, y que felizmente ha recalado en la bahía nazarita de Granada, es una mujer exploradora; es decir: que busca la esencia musical de la poesía en la cadencia siempre fructífera de todos los pasos.

Y su poesía recoge este ritmo, este lamento y este regocijo.

Ella que, como mujer, es madre de la vida y sustancia paciente de ternura, rasga con unos versos ajustados e incisivos la cáscara del alma, de su alma de hembra cincuenta veces enamorada, cincuenta veces desencantada; del alma solitaria que siempre busca la armonía, el calor de tantas almas prendidas también del tiempo, en el concierto anhelante del amor y la amistad.

La poesía para Marina está asimismo en la libertad del que desconoce su encierro, y en la imaginación, con o sin el velo de los párpados. Y también es poesía la que, sentida, nunca se plasma en los papeles.

Quizá muchos guardemos (no me atrevo a decir que todos), al igual que los poetas, a pesar de los malos tiempos, siempre provocados, la lírica debajo del ala. Y es seguro que tenemos miedo a levantar el vuelo.

A soltar el lastre de la mentira, a zafarnos de la hipocresía,

A beber el agua de la humildad…

A encumbrar el vuelo de los hombres y mujeres de pensamiento libre.

La poesía de Marina produce al leerla un doble efecto.

Incide a través de la vista y los oídos, que son ventanas de la mente ensambladas al alma. Y Reincide en el recuerdo, dejando una lámina velada llena de imágenes traídas por palabras, que, a su vez, a otras imágenes trataron de definir.

Mensajes salidos del aliento eterno de la Musa y bombeados por esa víscera sanguínea y palpitante, el corazón del hombre, que es parábola de la vida descarnada, varada en el tiempo.

Cincuenta mujeres desnudas.

Marina Tapia durante la presentación de su libro en Almuñécar

Un libro que es también un interesante puzzle poético, cuyas piezas son versos, distintos y únicos, como única es la huella de cada mujer, nadando en un mar de alegorías y otras figuras, buceando en abismos de motivación distinta, pero inspirados todos por similar sentimiento.

La poeta, la escritora, la pintora Marina Tapia, como artista inquebrantable, es gente sencilla que observa la realidad que la rodea sin creérsela, viéndola a través de sí por un cristal que la refleja en cincuenta espejos.

Y siente la ardorosa necesidad de escribir, de esperar el propicio movimiento vertical de los lápices de la inspiración, para (aunque no quepa en un papel tal confrontación del pensamiento) darle forma a ideas y emociones

por medio de metáforas, imágenes y personajes,

hechos todos de un hálito muy profundo, que es la carne de la poesía.

Marina es por tanto una mujer con pluriempleo.

Gran suerte en estos días.

Hecho su curriculum de verso y savia expresiva,

diseminada su experiencia en la vida y en este libro,

ocupa ella los más diversos estados y oficios:

Marina es domadora,

Es insomne, maestra,

Oyente, cantaora…

En ocasiones envidiosa.

Musa es, y modelo

y artista, y poeta.

Es abogada de derechos y beberes de la autora…

Es novia, amante y paloma.

También repartidora, feriante, transeúnte, turista.

Inmigrante con tarjeta NIE.

Es golondrina nocturna, gaviota madrugadora.

Es la mujer de Barba Azul…

A veces la Visitadora, la salvaje.

Otras Bebedora, camarera.

Y Profeta, y Penélope, y Medea

y Alicia descalza.

Pero todas ellas no son sino la única Marina Tapia.

Nuestra poeta. Nuestra amiga y compañera.

La poesía de marina Tapia ha sido publicada en distintas antologías y en revistas literarias de Madrid y de Granada. Viene colaborando con la revista VOCES de Almuñécar desde hace cuatro años.

Y este libro que hoy presentáramos, 50 Mujeres desnudas, es su primer libro de poemas en solitario.

Hay un poema en este libro tan sincero como entrañable,

que pone al desnudo, noblemente, una de sus muchas desnudeces.

Se titula NIE (Número de identidad de extranjero) y dice asi:

 NIE

 Acepta esta tarjeta

que guarda un historial de múltiples trabajos,

un peregrino andar por el enjambre.

Para la migración

yo fui educada,

para este camuflaje

bajo un color de piel mestizo, silencioso.

Para olvidar la lengua de mi madre

con sus diminutivos, su seseo,

ese calor cubierto, el timbre agudo.

A fuerza de sigilo

esta Sancho morena consiguió refugiarse,

pasar inadvertida,

dejar de pronunciarse en las pisadas.

Yo vestiré la escama que refleje

tu calle con su prisa.

 De un rosa deslavado es este NIE,

de un azul que despide en su puerto

a todos los celestes…

Mareo a mi razón,

al peso del ayer guardado entre las uñas

y abro mi garganta

para que me examine

este doctor del hambre y la porfía.

Hay en este libro otro poema, hermoso y desgarrado,

que da voz de poesía al silencio, jabonoso y polvoriento,

de las mujeres que limpian la casa de señores, acaso de señores lunas;

mujeres, según la poeta, sin celeste.

 MUJER SIN CELESTE

Limpiando la casa de señores lunas…

triste es la suerte,

la fama,

la figura,

de la clavada al suelo

y al mueble con espejos.

Ella va con su cuerpo removiendo los barros

porque para sacarlos:

ha matado su orgullo con olores,

ha sepultado el sueño de su vientre.

No me entendáis,

con útiles de aseo se comprende el poema

vivido

de mujer sin celestes.

¡Qué juego de tijera,

de imágenes,

de verdes papelitos de la compra

se han abierto a las manos,

tantas manos!

 Yo discutí unas veces con la araña

y los mosquitos

para que se marcharan de los pulcros rincones

que vaciaba de polvo y de vida.

Quería ver las aguas jabonosas

salirse por las casas,

jugar con las burbujas,

detener el lamento de la escoba en el suelo

alargar,

acortar

esa rutina.

Dolorosos los cristos de mujeres cristales,

de las evas-fregonas,

de las vírgenes-ropas,

de las madres distantes.

Entre sus hijos y ellas hay un espacio

                                      santo,

                                      crudo,

hay un parir de pieles trabajoso.

Hoy llora

despacio,

despacito

como pasos de hormigas por los cuartos…

pensando que la luna que mira,

quizás la hará más blanca,

mientras va por las casas

aclarándolo todo.

Franjamares, junio, 2013

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Una respuesta a 50 Mujeres desnudas, poemario de Marina Tapia

  1. Marina dijo:

    Muchísimas gracias, Javier, por estas cuidadas y cálidas palabras. Por compartir mi trabajo en tu Blog, por esa hermosa presentación que escribiste y leíste en Almuñécar. Un abrazo grande, grande en la poesía y la amistad.
    Marina

    Me gusta

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