Sabor salado


Venimos del mar, las lágrimas del hombre son saladas, su sudor  también, su sustancia vital habría de serlo  

 Una reflexión

La sal contiene casi todos los minerales y elementos habidos en la naturaleza. Un tabla periódica en cada una de las gotas de agua salada de cualquiera de nuestros mares (mejor los menos contaminados), un solo mar en esencia, que riega esta Tierra, la cual habría de llamarse Agua. La sal es pues tan necesaria como el agua para la vida, tanto que desde la antigüedad el pago para el sustento cobrado por el trabajo, trabajo que arrancaba gotas saladas de sudor sobre la frente del hombre y la mujer, venía a llamarse salario, pues con sal en la dieta se sobrevivía y con sal se conservaban los alimentos expuestos a la putrefacción. Por eso el sabor salado es de los primeros sabores que apreciamos en esta vida de sabores, desde que somos tiernas criaturas, y desde entonces suele ser la vara con que medir a los demás sabores, ya sean propiamente sabores del sentido humano del gusto, o de otras apreciaciones,  y alguien puede ser salado o desaborido, alguien puede tener mucho salero, sin faltarle la sustancia sabrosa de la vida,  o puede ser un soso de cuidado, o acaso por descuido.

Un recuerdo

Recuerdo el día de la cruz en Granada, los niños buscando maderas, flores, yedras, musgos, alambres,  puntillas,  papeles de colorines… materiales varios para construirnos una cruz vistosa y con salero, plantada en una esquina estratégica de la calle, donde arrimarnos sin cuidado, con la presencia y la atención plena al momento en que se vive, cualidad que ostenta el niño y pierde paulatinamente el adulto, para colaborar en la firmeza y la belleza de la obra y contribuir enseguida a sacarle nuestro provecho. “Un chavico pa la cruz”, pedíamos con un platillo de metal cubierto de pétalos, entrándoles a cuantos por allí en aquel día de fiesta pasaban, que solía ser, sin exagerar, media Granada, y que aunque ya era moneda en desuso, sí cundía en sus parientes contemporáneas, pesetas, dos reales, y hasta duros, nuestro salario del día y de la tarde, que luego repartíamos a partes iguales. Si se daba el caso, con la paga en el bolsillo remendado, subíamos a Plaza Larga, donde se hacían las mejores cruces del barrio, y donde, motivo principal de la visita, probábamos las ricas saladillas, torta de pan con aceite y, cómo no, sal gorda y marina, que crujía sabrosa en el paladar.

 Una queja

A la sal como a tantas cosas en este mundo convulso y deshumanizado, también se la ha prostituido. Ahora venden en los supermercados un cloruro sódico industrial, que lleva el nombre de sal, que tiene sabor salado, pero que el cuerpo asimila con dificultad, siendo  consumo y acumulación en el organismo, causa de múltiples problemas. Los ochenta y cuatro elementos que contiene la sal marina, sus minerales, son todos orgánicos, están en estado coloidal, son los mismos que tiene nuestra sangre y los mismos que tienen los líquidos intersticiales que unen en su propio mar a todas nuestras células y además están en las proporciones que el organismo acepta. El cloruro es un veneno que vamos tomando en mínimas pócimas día tras día, condimentando nuestras comidas, pero cuyo efecto nocivo acabaremos con el tiempo sufriendo.

Franjamares, noviembre 2012, Tertulianos Fénix

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