El, sin miedo alguno a vivir.


Padre e hijo
El ya fue concebido con un miedo que no era propio. Y en el vientre de su madre sufrió día tras día la asfixia de otro miedo mucho más real. A veces notaba que esa angustia se calmaba, convertida en una suerte de meseta más sufrible; pero había otros momentos en que su ser sufría tanto que, de haber tenido elección, hubiese preferido no existir.
Una noche funesta le rajaron el vientre para sacarlo a la luz en contra de su voluntad; una voluntad tan pequeña, tan miedosa, que nada pudo hacer contra los avances de la cirugía. Enseguida acullicaron su ombligo, haciendo que estallaran sus pulmones entre el primer miedo a la muerte; rasgaron su sensible piel y lo separaron de su madre, que aunque él sentía que no lo quería, era el único ser en quien podía confiar; una separación definitiva que duró toda una eternidad. Una eternidad entre luces y oscuridades, a veces tan rápidos e intermitentes que le hacían sufrir un nuevo miedo: el de la desprotección y la inseguridad.
Por fin sintió el regazo de su madre, y su boca anhelante buscó el pezón de manera instintiva. El olor de su mamá era como su tacto y su voz como su propia respiración. Un lapso de paz entró en sus entrañas con las primeras gotas de calostro, con la cálida leche que apagaba todos sus miedos y llenaba su ser de un alimento necesario y milagroso, quedando al poco entre los brazos de su madre y los ecos del silencio y de la dicha.
Pero aquello cambió de pronto. Del milagroso pezón ya no surtía el alimento, en el regazo de su madre ya no había olores agradables ni tactos estimulantes… Otras personas se lo llevaban para darle pezones inertes de los que manaba un líquido caliente que olía igual que sus batas y que calmaba el grito del alimento, pero a cambio de dolores, temblores y ruidos que en breve laceraban su existencia.
Pero su inocencia acabaría acostumbrándose a tales vicisitudes. Y a cuantas más experiencias traumáticas pronto le sucederían. Y todos sus miedos se hicieren mesetas (ante el precipicio de la muerte), que, con el paso incesante de los días, se unieron formando una supervivencia estable, en la que fue creciendo alguien que ya respondía al nombre de Él, reflejándose como tal en todos los espejos de la vida.
Ahora El es un hombre. Alguien que dice tener consciencia, que usa una mente analítica, que tiene sentimientos y deseos… Un ser humano que habla de libertad movido como un autómata; alguien que, en la mayoría de las veces, lo que piensa, siente y hace, carece de la más mínima coherencia. Sus miedos siguen con él, soterrados en esa parte de sombra que podríamos llamar inconciente. Ahí también guarda un rosario de resentires, unos propios, es decir, sufridos en su propio ser a lo largo de su vida, otros que no eran de él pero que sintió suyos de manera maquinal; y aquellos otros heredados que han pasado de generación a generación, como un velo espeso de secretos inconfesables que lo une a sus antepasados sin otro remedio.
Sin otro remedio que sacarlos a la luz de su recuerdo (como Teseo sacó al monstruo del laberinto), de volver a vivirlos y de deshacerse de su influjo, sacando tijeras y estiletes, cortando los lazos que lo unen y lo vinculan a esa mugrienta información.
Su mente, su cuerpo, su ser completo se sentirá más liberado de tantos efectos nocivos, de las enfermedades… Y si entonces comprende y acepta su insignificancia y su grandeza, si logra sentirse unido a su propia naturaleza y a todo lo creado, si entiende que solo sabe que no sabe nada y se hace humilde, postrándose ante la verdad que brilla en el espejo de su corazón, podrá atisbar algo de lo que significa ser libre, podrá amar sin condiciones o, lo que es lo mismo, sin miedo alguno a vivir, en el teatro de la vida.
El poeta dijo que la vida es sueño y el profeta manifestó que los seres humanos están dormidos y al morir despiertan, en el sentido en que somos un soñador en el estado en que creemos que somos dueños de la vigilia y la conciencia. Por lo tanto, ya que vivimos en un sueño en nuestra vigilia en este mundo, todo aquello en lo que estamos inmersos no es sino algo imaginal, cuyo propósito es otra cosa. Esa otra cosa no se encuentra en aquello que vemos. Por ello nosotros, el ser humano, tenemos una orden que cumplir ante nosotros mismos, que interpretemos, ya que el sueño puede ser interpretado dentro del propio sueño.

Tertulia Entrelíneas Nerja (Málaga) marzo, 2012.

Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s