“LA PAZ ES EL ARMA QUE CAMBIARÁ EL MUNDO”. DESOBEDIENCIA CIVIL… ESPERANDO…



¡Habría nombres en el mundo que ponerme!

Con una frase parecida a esta, cada vez que la llaman por su nombre, se lamenta para sí Esperanza. Y hoy lo hace a grito pelado, con la mirada perdida, agitando el aire tórrido de julio con un abanico recién decorado. La gente que la conoce y con las que trata a menudo, como sus amigos y demás clientela del barrio, la llaman Diana, que por otra parte es el nombre de su negocio: Libros, manualidades, bellas artes, Diana. Pero a veces alguna vieja conocida, con intención o sin ella, la interpela por su nombre del registro.
–¡Esa es la del jueves santo, Antonia! Yo soy Diana, como la diosa del mito ¿Qué quieres?
–¡Qué carácter! –dice Antonia para sí–. No, ya, como la diosa cazadora… Yo venía a por pintura de tela; voy a preparar una pancarta para la manifestación del día 19; es para mis hijos, quieren que le rotule un lema que diga: “LA NO VIOLENCIA ES EL ARMA QUE CAMBIARÁ EL MUNDO”, aunque yo le voy a poner LA PAZ ES EL ARMA QUE CAMBIARÁ EL MUNDO”, pues la Providencia no entiende la palabra No. Muy reivindicativos mis niños, ya ves, pero la que al final se lo curra y hace el gasto no es otra sino yo.
–Una máxima muy pacifista, pero no te aflijas, eso siempre pasa: mi hija se ha inscrito en todas las mesas de trabajo de las asambleas y es de las más revolucionarias, pero en la casa no friega ni un plato, vamos que ni siquiera estira el cobertor de su cama.
–Yo voy a llevar esta bandera –replica Antonia que le muestra la tela–; le he bordado un triangulo igualito que el que mandó coser Maríana Pineda antes de que los aristócratas de siempre le dieran garrote en la plaza del Triunfo.
–Ni que fueses la reencarnación de la Mariana, ¡qué delicia y esmero con la bandera! –dice Esperanza al ver y tocar la prenda de tafetán morado que se extiende sobre el mostrador.
–Pues sí, hoy me he levantado como la Mariana, con su convicción de lucha, su misión de heroína guiando al pueblo y de madre llevando su casa. Sabes, Diana, yo soy de la opinión de que la reencarnación existe, pero no como todo el mundo cree, sino que tiene un eco subrayado en nuestra vida diaria, como dicen los científicos del alma: un eco holístico, fractal; me explico: cada día que vivimos, todas las mañanas al despertar, amanecemos a una nueva existencia, una vida que hay que aprovechar en ese instante, con la conciencia de las anteriores, pero sin limitaciones ni prejuicios, con la mente y el alma oxigenados, en buena armonía con el cosmos, y a ser posible con una sonrisa; y algo muy importante, sin resistirse a los malos ratos, ni lamentarse por ellos, cuando llegan, es la única manera de saber porqué vienen y como transformarlos. Así que cada día te reencarnas en una persona y tenemos miles de días para vivir miles de reencarnaciones.
–Algo parecido pienso yo, para mí. ¿Sabes por qué no me gusta mi nombre? Porque la esperanza es una actitud de espera, o sea, de que lo bueno de la vida no es ahora, sino que vendrá en un futuro incierto para el que hay que tener esperanza. Y a esta servidora le gusta vivir el momento. Ahora que lo dices, yo también me voy a preparar un lema para el 19: estoy entre “Desobediencia civil” o “No a la destrucción de la familia”. A ti cual te gusta más:
–El segundo es más importante a mi gusto, pues siempre he pensado y ahora viendo lo que veo, más que nunca, que si una persona no tiene familia ni a nadie, queda indefenso a cualquier ataque, sin padre ni madre que le infundan coraje y amor, quedará expuesto al adoctrinamiento integral del sistema. Y en vista de donde apuntan los experimentos sociales de la élite, con todas sus modas e industrias, que tratan de vaciar de contenido al individuo, la mayor de desobediencia civil que puede ejercer una persona es apostar por la integridad, el amor y la lealtad a su familia, la tenga ya, o la esté buscando.
–Llevas razón, la familia, aunque suene a rancio, es el último muro por derribar por los ingenieros y tecnócratas sociales.
–Eso, hay que ser más de la casa de uno, y no creerse nada de lo que cuentan por la tele y los periódicos, que ya los uso sólo para hacer pasta de papel. Hay que desglobalizarse, antes de que acaben con todos los rastros culturales de nuestra casta. ¡Ya lo tengo! En vez del lema liberal que bordó Mariana Pineda de “Igualdad, libertad, ley”, que me parece muy francés, yo voy a bordar en rojo, en cada uno de los vértices del triangulo verde, el lema del 15 M “Democracia, real, ya”. ¿Qué te parece?
–Genial, y le puedes poner por debajo “No pasarán”, que es muy español, y lo usan hasta los griegos. Y referente a la pobre de la Pineda: a ella, por no callar sus ideas liberales le dieron garrote vil, y a ti, Antonia, lo más que te pueden dar es un vil garrotazo.
–Eso, Como los que han repartido en Barcelona y Valencia los gorilas de la poli.
–Bueno, Diana, apúntamelo, que a la vuelta de la pescadería te lo pago.
–Cuidado con el pescado grande, atunes, emperadores, agujas… dicen que lleva mercurio.
–También lo han llevado siempre las vacunas y nos las ponen desde chicos…
–Muchas cosas han de cambiar, y la principal es que despertemos, que nuestra conciencia general del mundo cambie, “cambiemos nosotros para que el cambio sea posible e irremisible”.
–¿Ves?, otro lema. ¡Es que estamos sembrás!

Franjamares, julio 2011 Tertulia Entrelineas, Nerja, Málaga

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